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Añada 2026, El agua que no se ve

Añada 2026

La añada 2026 estuvo marcada por un contraste extremo: un invierno y una primavera con una extraordinaria disponibilidad hídrica dieron paso a uno de los veranos más cálidos y secos jamás registrados. Las lluvias de mediados de agosto llegaron cuando algunas parcelas todavía necesitaban tiempo para completar su maduración.

La añada 2026 no puede caracterizarse simplemente como una añada seca y cálida, ya que fue una campaña de gran disponibilidad hídrica inicial. Bien es cierto que padecimos una sequedad estival muy marcada especialmente en julio, con un calor extraordinario. Pero finalmente, algunos episodios de lluvia a mediados de agosto llegaron en un momento fisiológicamente muy interesante.

El año hidrológico 2025-26 tuvo una distribución muy irregular: una parte muy importante de la precipitación se concentró entre diciembre y marzo, mientras que posteriormente llegó un periodo mucho más seco.

Los datos agroclimáticos definitivos son contundentes: el verano de 2026 fue el más cálido de la serie histórica española. Julio fue particularmente excepcional: cálido y seco. Pero hay una particularidad fundamental para entender en el Bierzo: agosto rompió parcialmente la dinámica de junio-julio. AEMET lo considera húmedo debido a episodios tormentosos, especialmente durante la segunda mitad del mes.

Singular Influencia en la maduración.

Esta concentración de lluvias en los meses invernales propició que la planta llegara al verano en condiciones muy diferentes a las que conlleva un invierno seco. Este hecho es especialmente importante en el caso de las viñas viejas de Villafranca del Bierzo.

Unido esto al establecimiento racional de las cubiertas vegetales propició que el viñedo llegara a la época estival con el suelo cargado, un sistema radicular suficientemente abastecido, una abundante superficie foliar, y una potencial capacidad de resistir mejor el estrés estival.

La consecuencia más notoria que hemos observado debido a estas codiciones climáticas es que la maduración fenólica pudo terminar sin necesidad de alcanzar concentraciones muy elevadas de azúcar.

Precisión en la vendimia.

Lo ocurrido a mediados de agosto es, para mí, una de las claves de la añada. En general se puede afirmar que la añada 2026 fue extraordinariamente temprana, pero empezar pronto no significa necesariamente que haya que terminar pronto.

En nuestro caso, parar permitió que las plantas que todavía necesitaban completar determinados procesos dispusieran de unos días adicionales y, además, recibieran agua. Eso es especialmente relevante en Fuente de San Lázaro y Cotelo, donde trabajo un viñedo viejo sometido a un mesoclima más fresco, y con altitudes de aproximadamente 520 a los 610 metros. 2026 fue una añada de vendimia muy temprana, pero no necesariamente de maduración apresurada hasta el final.

La vendimia de Demencia no fue simplemente una vendimia temprana seguida de una parada, sino una vendimia en dos ventanas fenológicas distintas, separadas por un periodo meteorológicamente relevante.

  • Primera fase: 11–18 de agosto.

En esta primera ventana entraron: los godellos; las parcelas más adelantadas de Valtuille; las viñas más pobres con orientaciones sur de Villafranca del Bierzo. Aquí tiene sentido hablar de una maduración muy adelantada, consecuencia de la acumulación térmica extraordinaria de la campaña y de la buena disponibilidad hídrica con la que partían las cepas. El calendario fenológico se mostraba muy diferenciado según variedad, exposición, suelo y posición topográfica.

  • El intervalo 19–25 de agosto.

Se produjo algo que considero fundamental para interpretar la añada: las lluvias de mediados de agosto llegaron cuando la primera parte de la cosecha ya estaba vendimiada, pero el bloque central de Villafranca todavía permanecía en la viña.

Eso significa que esas precipitaciones actuaron sobre un viñedo que ya había acumulado muchísimo calor, comenzaba a experimentar limitaciones hídricas, pero todavía tenía capacidad de continuar madurando.

Fue una lluvia de rehidratación en la fase final de maduración. Permitió a la planta recoger algo de agua, recuperar actividad y terminar de equilibrar la maduración fenólica en las zonas más frescas.

  • Segunda fase: 26–31 de agosto.

Aquí está probablemente la parte más representativa de la añada de Villafranca. El bloque central de los viñedos permaneció aproximadamente dos semanas más en la planta que las primeras parcelas vendimiadas. Ese periodo adicional no debe interpretarse como un simple retraso. Fue un periodo en el que confluyeron:

estrés hídrico → lluvia → recuperación fisiológica → maduración final → vendimia.

Y eso puede explicar perfectamente que estas uvas llegaran a bodega con madurez fenólica suficiente sin alcanzar graduaciones excesivas.

La añada 2026 resumida en unas pocas frases.

Una añada con muy buen estado sanitario, extremadamente cálida y muy seca durante buena parte del verano. Una añada construida sobre una excepcional reserva hídrica invernal y corregida en su fase final por precipitaciones estivales oportunas. El calor adelantó el calendario, pero el agua acumulada en invierno y las lluvias de agosto evitaron que ese adelanto se tradujera necesariamente en sobremaduración.

El camino correcto.

Aquí radica la gran relevancia de algunos de los beneficios de la agricultura regenerativa. Pretendemos mantener suelos vivos con gran capacidad de retención de agua y nutrientes. Esto favorece el desarrollo de un sistema radicular profundo y bien integrado. La parte más interesante de un vino procede de la menor cantidad absorbida por las raíces: los minerales. El único puente que existe entre el suelo y la planta es un puente de microorganismos, de hongos, de micorrizas: es un puente de vida. La capacidad de las cepas viejas para atravesar un verano extraordinariamente cálido no depende solamente de cuánto llueve durante esta estación, sino de las reservas que la planta haya podido construir durante el invierno y la primavera.

Se trata de evitar suelos desnudos, desequilibrados y muertos que no conecten con las plantas, no queremos un suelo que sea un mero sustrato donde la planta sobreviva que no dispongan de capacidad de retención de agua y nutrientes. Esos suelos muertos finalmente crean la necesidad de aportar riego y nutrientes a la planta, con el consecuente desequilibrio vegetativo, biológico y ambiental.

Cubiertas Vegetales

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