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Limpieza en la Viña

Limpiar la viña

Silviña es una joven viticultora que está recuperando y manteniendo una viña familiar en un legendario paraje de Cacabelos.

Silviña sueña con hacer un vino de sus uvas. Está empeñada en dejar de utilizar herbicidas en su viña, pero su socia Carmela no acaba de entenderlo. Carmela quiere tener la viña limpia. Silvia responde: «Sí, mamá, limpia de hierbas pero también ¡limpia de vida!».

Pero es difícil cambiar los hábitos adquiridos, el herbicida elimina competencia lo que provoca un aumento en el vigor de las plantas, que hacen que estas aparezcan lustrosas y espléndidas. Pero esto es una ficción. El glifosato es un herbicida sistémico no selectivo, diseñado para eliminar hierbas y arbustos. Actúa penetrando en las hojas y viajando hacia la raíz para bloquear una enzima esencial, impidiendo que la planta fabrique proteínas vitales.

Pero se produce una paradoja en el suelo, cuando el glifosato (Round Up) cae al suelo, algunos microorganismos sí que pueden romper la molécula y liberar carbono o fósforo, que pueden simbolizar nutrición para las plantas. Sin embargo, esto ocurre después de que la planta ha muerto y el compuesto se ha degradado. Incluso en este escenario, las aplicaciones continuas pueden alterar la biología del suelo, reduciendo la disponibilidad general de otros nutrientes esenciales.

Limpiamos la viña promoviendo la vida.

Silvia quiere mantener la viña limpia, preservando y promoviendo la vida. Entiende la viña como un ente biodiverso en el que conviven otras especies vegetales y animales. «Tonterías de tus amigos los modernos«, le espeta Carmela. Al final, convienen evitar el uso de herbicidas implementando labores de desbrozado que promocionan la implantación de una cubierta vegetal espontánea.

En la viticultura regenerativa, el efecto que se produce tras el desbroce o segado de la cubierta vegetal en primavera se conoce comúnmente como acolchado vegetal, mulching orgánico o la creación de un manto de biomasa. El fundamento agronómico y ecológico de esta práctica no consiste simplemente en «limpiar» el viñedo, sino en imitar los procesos naturales del suelo de un bosque, transformando una cubierta viva en un escudo protector inerte justo cuando las temperaturas empiezan a subir.

A continuación compartimos los principios fundamentales que sustentan este efecto:

  1. Control de la competencia hídrica y nutricional
    Durante el invierno y el inicio de la primavera, la cubierta vegetal capta carbono, descompacta el terreno con sus raíces y genera biodiversidad. Sin embargo, al llegar la primavera y aproximarse la floración de la vid, la hierba comenzaría a competir directamente con las cepas por el agua y los nutrientes del suelo. Al desbrozarla, se detiene esa competencia de raíz sin alterar la estructura interna del suelo.
  2. Reducción drástica de la evaporación (Efecto Esponja)
    Al cortar la hierba y dejarla depositada de forma homogénea sobre las calles del viñedo, se crea una barrera física pesada. Este manto frena la radiación solar directa sobre la tierra, disminuyendo drásticamente la evaporación del agua almacenada en el subsuelo.
  3. Inyección de materia orgánica y nutrientes
    Los restos vegetales triturados se convierten en alimento para la red trófica del suelo (lombrices, hongos y bacterias). A medida que esta biomasa se descompone lentamente, devuelve al suelo los nutrientes fijados durante el invierno.
  4. Control biológico de adventicias («malas hierbas»)
    La capa de mulch acumulada (que suele buscar un grosor considerable) bloquea el paso de la luz solar hacia la superficie del suelo. Al no recibir radiación, las semillas de otras hierbas competidoras no deseadas tienen muchas más dificultades para germinar y prosperar, regulando la flora del viñedo de forma natural y mecánica, sin necesidad de herbicidas químicos.
  5. Protección frente a la erosión e incremento de la infiltración
    En primavera y verano son comunes las tormentas torrenciales de corta duración. Un suelo desnudo sufriría escorrentía, lavado de nutrientes y erosión.

Sabemos que a Carmela le va a costar entenderlo, pero por el momento reconoce que el herbicida es un veneno, y que no es la mejor manera de mantener la viña limpia. Tampoco creemos estar en posesión de la verdad absoluta, pero cambiar el paradigma es una de las bases del pensamiento científico.

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