La Tregua Viral

La Encrucijada berciana

Tregua en tiempos de Guerra es lo que estamos viviendo en nuestra obligada reclusión domiciliaria.

Intencionadamente no estamos muy informados de la actualidad de la presente crisis. Sabemos que nuestros políticos están haciendo un importante despliegue de medios para sensibilizar a la población. También sabemos que están aprovechando el mismo para lanzar envenenadas misivas ideológicas. ¡Qué miserables!

Pero nosotros preferimos seguir ocupándonos de nuestras viñas y de algunas de nuestras distracciones habituales: lectura, cine, vinos, familia y amigos. Pero, pese al supuesto aislamiento, nos hemos enterado de que en estos vacíos debates políticos ya se ha empleado la palabra guerra. Todo esto nos ha recordado un entrañable acontecimiento histórico que ahora rememoramos.

Tregua en tiempos de Guerra.

Era diciembre de 1914 y apenas transcurridos unos meses desde el inicio de la Primera Guerra Mundial, alemanes y aliados batallaban en los frentes de Bélgica y Francia. Desde sus trincheras anegadas, los soldados del imperio alemán y las tropas británicas intercambiaban disparos sobre tierra de nadie en la que heridos y muertos yacían por igual. Pero al llegar la Nochebuena, los alemanes colocaron árboles iluminados en los parapetos de las trincheras. Los aliados hicieron lo propio, y esto provocó un alto el fuego espontáneo: fue la conocida como Tregua Navidad de la Primera Guerra Mundial.

La tregua comenzó en la víspera de la Navidad cuando las tropas alemanas comenzaron a decorar sus trincheras. Luego continuaron con su celebración cantando villancicos, Stille Nacht (Noche de Paz). Las tropas británicas en las trincheras al otro lado respondieron entonces con villancicos en inglés. Tras vocear promesas como «Tú no disparar, nosotros no disparar», algunos de los hasta entonces enemigos se unieron cantando villancicos que sustituirían al silbido de las balas. Otros salieron de las trincheras para estrecharse la mano y fumarse un pitillo juntos.

Cada bando ayudó al contrario a cavar tumbas y celebrar ceremonias en memoria de los caídos. Los soldados intercambiaron comida y regalos que les habían enviado desde sus casas. Se intercambiaron botones del uniforme que algunos pudieron guardar como recuerdo. Incluso parece que se organizó un animado partido de fútbol del que queda algún recuerdo fotográfico.

Fueron dos días de tregua entre enemigos en una de las guerras más crueles de la Historia.

Un Pequeño Parón.

Estamos seguros que los buenos hombres de ambos bandos tuvieron que desoír las amenazantes reprimendas de sus mandos. Seguro que muchos dudaron antes de abandonar sus armas. Fueron sus gerifaltes los que les llevaron a una guerra que no entendían.

No invitamos a desobedecer las recomendaciones institucionales, pero desde luego proponemos que no dramaticemos la situación, quizás nos venga bien un pequeño parón. Nuestra sociedad, que cultiva la adquisición y acumulación de bienes materiales para satisfacer su deseos, ha dejado de tener riqueza interior y perdido en consecuencia ciertos valores tradicionales.

Vivimos en un mundo con un tremendo desequilibrio y cuando éste se hace patente, los políticos se ponen nerviosos y califican el momento como bélico. Este desequilibrio se ve propiciado por un exceso de consumo de recursos naturales, una protección excesiva, un distanciamiento con la Naturaleza y por una ideología basada en una felicidad hedonista, en completa ausencia de una conciencia moral.

Así debemos de ser capaces de hacer una transición a una economía no basada en el crecimiento infinito, en la que se predica el consumismo sin reservas. Este frenazo que tanto asusta a nuestros dirigentes quizás no sea más que una pequeña lección que nos da la Naturaleza, y que muchos ni siquiera están intentando descifrar. Pongamos el valor en las realidades cotidianas que realmente lo tienen, y olvidémonos de los mensajes de miedo y catastrofismo que siempre han llenado las bocas de los poderosos.

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