Pájaro del Noroeste.

Marta del Riego

Pájaro del Noroeste. Icia va a cumplir cuarenta años y no puede ser madre. Cuando la echan de su trabajo, decide regresar a su pueblo para rescatar las viñas familiares. Pero nada es fácil en esa tierra feroz del Noroeste, ni el paisaje ni la gente ni el recibimiento de una madre problemática y excéntrica.

Nos encontramos con Marta del Riego Anta, la autora del libro Pájaro del Noroeste, y con una copa de vino en la mano, empapamos nuestros labios de los que sale esta conversación que compartimos.

Nacho: ¿Cómo empezó todo esto? Sé que has estado en ‘medio-mundo’ y al final te has decantado por el noroeste de España, me gustaría que me contarás qué te ha llevado aquí.

Marta: Nací y crecí en el Noroeste. Creo que la infancia es el paraíso perdido para un escritor. Los primeros olores, los sabores, las sensaciones, la luz… de ahí extrae su literatura, su poesía. Aunque es cierto que, para comprenderlo, para aceptarlo, tienes que salir de ahí, verlo con la objetividad que te da la distancia. Yo emigré a Madrid, como tantos otros de nuestra tierra, después a Londres, después a Berlín. Y cuando llevaba años fuera, esa nostalgia, esa morriña, fue el impulso final para sentarme a escribir. Creo que el Noroeste es una región geográfica, histórica y estética. Hay un paisaje que nos marca, una climatología dura, y una trayectoria histórica, desde los castros prerromanos hasta el Camino de Santiago, que conforma una forma de ser, una forma de acerarse a las cosas que es muy de aquí.

Literatura y Periodismo.

Nacho: Parece que actualmente el periodismo es un sector de mucha influencia, pero también me parece que te has ido alejando de él, ¿es esto cierto?

Marta: Sí y no. He sido periodista durante muchos años, supongo que es una impronta que ya se ha quedado grabada en mí para siempre. Le estoy muy agradecida a esta profesión porque me ha dado muchas cosas. La curiosidad por saber, por averiguar y por transmitirlo. La capacidad de síntesis y de buscar la palabra justa, certera. Y muy buenos amigos. Pero es cierto que en la etapa en la que me encuentro ahora, concentrada cada vez más en escribir, el periodismo no puede ser mi medio de vida porque exige mucha dedicación. El periodismo es casi un sacerdocio: le entregas tu vida y tu ocio. Y lo que yo necesito ahora es tiempo para escribir, pensar mis próximas historias, acabar mi libro de poemas…

Nacho: Hablamos de lo que eres y lo que haces, me resulta muy sugestivo conocer tus trabajos, ¿podrías explicarme cuáles han sido? ¿Qué obras te hacen sentir más orgullosa?

Marta: Escribir para mí es como respirar, el día que no lo hago, siento que es un día perdido. Desde que empecé a publicar –escribiendo llevo toda la vida-, he ido creciendo con cada libro. Soy de las que piensa en el concepto “construir una carrera literaria”. Es como lograr un buen vino, no se consigue de un día para otro, es un trabajo de años, de aprendizaje constante, de prueba constante, ¿no? Tú lo sabes bien.

La novela que acabo de publicar, Pájaro del Noroeste, es mi mejor obra hasta ahora. Me costó cuatro años terminarla. En ella no solo están mis obsesiones: la vuelta a lo rural, el desarraigo, la maternidad, el vino, una oda a la naturaleza y al paisaje de León; sino que también he encontrado un estilo propio.

Pero como a mí me apasiona escribir, antes de llegar ahí, ha habido tres novelas y otros proyectos muy variopintos. Entre ellos, un libro sobre el Real Madrid, La biblia blanca. Historia sagrada del Real Madrid (2018), que escribí a cuatro manos con mi hermano Ángel y que me divirtió muchísimo y que ya va por la sexta edición. O una guía de Berlín (2019), con las historias de mi vida en la capital alemana. ¡Tú dame un tema que me interesa y me lanzo a escribir!

Libros y Vinos.

Nacho: Llegados a este punto, desde luego no puedo ocultar que hay algo que nos une: la viticultura y su integración en el noroeste de la península ibérica. ¿Qué te atrae de este mundo? ¿Cuál es tu relación con el mundo del Vino?

Marta: Desde niña escuché hablar de las viñas a mi alrededor, las de la familia materna y las de la familia paterna. En la cochera de casa todavía hay una vieja prensa y un lagar. Pero un día se arrancaron las viñas. “Arrancar las viñas” es una expresión que me duele, qué gran error cometimos en aquellos años destruyendo nuestro patrimonio vitivinícola.

Mi padre hablaba de la uva prieto picudo con reverencia. Esa uva brava que se da casi exclusivamente en León y que se usaba para madrear el vino. Solo mi abuelo podía vendimiarla, nadie más podía tocarla. Supongo que todas esas historias fueron formando un poso en mi mente que contribuyó a darle esa aureola literaria que tiene el vino para mí.

En mi casa siempre se bebió vino, jamás cerveza. Y cuando yo empecé a beberlo fue algo natural. Aunque realmente no empecé a interesarme por el vino hasta que me fui al extranjero. De pronto, echaba mucho de menos nuestros vinos porque allí eran difíciles de encontrar o tenían precios desorbitados. En Berlín cubrí varias veces una feria de alimentación enorme donde había poquísimo producto español, y menos, vino. Y yo me preguntaba qué tenían los vinos franceses o italianos, de los que los alemanes hablaban maravillas, que no tuvieran los españoles. ¡Lo que no tenían era buen marketing!

Estoy hablando del año 2000, claro, ahora eso ha cambiado. Cuando regresé a España me lancé con fruición a descubrir vinos españoles. Durante la década que fui redactora jefa en Vanity Fair yo hacía una página de vinos. Lo que me dio ocasión de conocer a muchos viticultores y enólogos, y a trabar amistad con Pepe Peñin, que curiosamente también es leonés.

Nacho: Hemos leído que el vino es poesía embotellada, soy amante de la literatura, pero a menudo es un mundo lejano y difícil. Creo que en ocasiones pasa lo mismo con los vinos, ¿Qué hay en común entre ambos ámbitos? ¿Cuál crees que es el futuro de ambos mundos?

Marta: El mundo del vino es muy literario. Muy literario. Desde la descripción de un vino: su sabor, su olor, su color, su textura… he leído reseñas sobre vinos que parecen poemas. Hasta el trabajo en la viña, en esos paisajes que suelen ser de una belleza apabullante. La vida al aire libre, el paso de las estaciones, cómo las cepas van mutando de color. Y después, todos esos personajes peculiares que hay en torno al vino: los viticultores, los enólogos. Casi nadie hace vino por dinero, hay otros negocios mucho más rentables, si haces vino es por algo más: por pasión.

El mundo del vino es muy literario. Muy literario.

Marta del Riego Anta

Nacho: Para mí el vino está hecho para ser compartido, creo que pasa lo mismo con los libros. Antes teníamos bares, restaurantes, filandones, cantinas, colmados… ¿Crees que el vino tiene que encontrar nuevas atmósferas? ¿Cuál es la nueva herramienta de comunicación entre la escritora y el lector?

Marta: Difícil pregunta. El vino tiene dos dimensiones, la de socializar y la íntima. Vamos a superar esta pandemia, aunque nos cueste, y cuando suceda todos estaremos deseando abrazar a nuestros amigos, a nuestra familia, celebrar que hemos sobrevivido. Celebrar la vida. Y el vino sirve para celebrar. Porque se bebe despacio, saboreándolo. Y porque beber vino significa compartir: descorchas una botella con tus amigos, con aquellos que quieres.

Por otro lado, tomar una copa de vino en casa por la noche, sola o con tu pareja, es como una pequeña fiesta diaria, ¿no? Un premio al final de un día de duro de trabajo. No sé, quizá se pudiera hacer marketing en ese sentido. Beber vino es lo contrario a emborracharse. Lo contrario al botellón. Requiere otra aproximación y creo que en estos tiempos de incertidumbre, el vino es como un mensaje secreto que nos trae calma. Auténtico, que viene de la tierra, de la naturaleza.  

Y claro, para transmitir eso ahora mismo necesitamos las redes sociales. También para llegar al lector son esenciales. Estar pendiente de las redes sociales es una labor diaria o al menos semanal. Y es agotador. Pero puede ser divertido, depende cómo lo enfoques y, sobre todo, es necesario. Es la realidad de hoy y tenemos que aceptarlo.

El Bierzo.

Nacho: Para nosotros es claro que el vino está unido a un origen (el terroir dicen en Francia), pero sin duda la literatura bebe de las mismas fuentes. Has incluido al Bierzo en tu última novela, ¿Cuál es tu visión de nuestra amada comarca y de sus vinos?

Marta: El Bierzo para mí fue siempre un lugar mágico: el lugar que estaba detrás de esas montañas que veía desde mi habitación. Además, mi padre nos llevaba a recorrer la provincia y si había una zona que le gustara esa era El Bierzo. Disfrutaba tomando el antiguo Camino de Santiago, que por entonces aún no se había puesto de moda, y entrando en El Bierzo por Foncebadón y Molinaseca. Recuerdo excursiones a Peñalba de Santiago, la iglesia con los arcos mozárabes, el olor de la cueva de San Genadio, los colores de la tierra y de los castaños de las Médulas. Muchas sensaciones de esas escapadas están en mi novela.

Soy una amante de los vinos del Bierzo. Sobre todo, de la mencía. Una uva que tiene una expresión muy especial, delicada y potente a la vez, y creo que con ese paisaje tan variado, cada viña produce una mencía diferente. En El Bierzo no hay dos vinos iguales. Recuerdo una vendimia que hicimos contigo, con mi amiga berciana y periodista Raquel Peláez. Era un día de sol, las cepas extendían sus racimos como un regalo. Juntaste allí a una tropa de gente muy divertida. Y después de partirnos la espalda, a celebrar: nos tomamos una empanada y un queso y unos embutidos… y, sobre todo, un vino… Cuánto echo eso de menos: estar al aire libre, haciendo algo juntos y sin mascarilla, en contacto con la naturaleza. Tenemos que volver a eso: a trabajar juntos y celebrarlo juntos con un buen vino del Bierzo.

Noroeste

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