La Trascendencia de Atalantar

Cabras

En estos días en los que disponemos del tiempo necesario para buscar la auténtica trascendencia, nos hemos encontrado con la historia de Bernabé de la mano de Joaquín Araujo.

Las circunstancias actuales nos obligan a abandonar el desenfrenado tiempo de los humanos para abrazar el tiempo de la Naturaleza. Encontramos en este ritmo algo que probablemente pueda aportarnos más felicidad y satisfacciones.

Ya nosotros, como dementes viticultores, estamos felizmente condenados a acompasar nuestro ritmo a esta cadencia natural gracias a las viñas, pero hemos conocido esta bonita historia de un hombre auténticamente trascendente.

En el Valle del río Viejas, en las Villuercas, Joaquín estaba tratando de avistar aves cuando de repente se aparece de la nada Bernabé. Es un pastor de cabras y es él quien avista a Joaquín Araujo desde lo alto de un collado. Joaquín describe su encuentro con Bernabé como uno de los momentos estelares dentro su aprendizaje vital. Una enseñanza que le ha mantenido inexorablemente unido a la interminable cultura rural durante toda su vida.

Joaquín era un joven universitario, apasionado de la Naturaleza, que pretendía buscar en tierra cacereñas un más amplio conocimiento ornitológico. Sin embargo descubrió una palabra que cambió su vida. Bernabé y Joaquín disfrutaron de un sugestivo palique sobre diversos pájaros, pero también sobre paisajes, flora y costumbres.

Atalantar, una liberación trascendente.

Bernabé es un hombre de edad madura y baja estatura, con la piel curtida por el sol y el aire que, aunque dotado de animada conversación, resulta parco en palabras. Así llega el momento en que con sorprendente resolución sentencia: Joaquín, ven pá mi chozo que te voy a atalantar.

El pobre Joaquín no sabía muy bien qué hacer, qué querría este enjuto hombre de campo. Joven y urbano, Joaquín desconocía el motivo de esta apuesta, pero ni corto ni perezoso, decidió afrontar el envite. Así, Bernabé lo introdujo en su pequeña choza que, sin luz ni agua, contaba con un humilde camastro de paja que terminaba en una abrupta almohada que no era otra cosa que una confortable piedra.

Así llegó el momento en que Bernabé procedió a atalantar: compartió un queso fresco que allí conservaba, y agasajó a su huésped con el vino que en un pellejo guardaba. Atalantar es como la sombra y la brisa, como el alimento si tienes hambre, o el agua si te sobreviene la sed. Cuidar con cariño, recibir con hospitalidad, con generosidad sin más límite que compartir lo que se tiene.

Estos días de silencio y soledad, nos invitan a resolver la auténtica trascendencia del personaje, la trascendencia de Bernabé. Trascendencia es un concepto que designa aquello que va más allá o que se encuentra por encima de determinado límite. En este sentido, la trascendencia implica trasponer una frontera, pasar de un lugar a otro, superar una barrera.

Los urbanos intrascendentes.

Cansados estamos de observar en medios personajes intrascendentes que se disfrazan de diferentes colores (rojo, azul, verde o morado), como si de fichas de una partida de parchís se trataran, pero que ni rompen barreras, ni se encuentran por encima de nada, más bien retozan en sus barros. Son absolutamente intrascendentes.

Tenemos que remontarnos a este descubrimiento de Joaquín para buscar la auténtica trascendencia, descubrir el auténtico significado de la palabra atalantar, y poner en valor su vigente necesidad ante el imperante vacío generado por colectivos vacuos, sin fondo, que lo único que hacen es tratar de vaciar al individuo de contenido, hasta rebajarlos a su nivel, hasta liquidar su trascendencia.

2 pensamientos sobre “La Trascendencia de Atalantar”

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